image-title

Compartimos esta reflexión del amigo Enrique Martínez Lozano porque entendemos que tiene mucho que ver con una reflexión profunda que venimos haciendo en Espacios Berakah desde hace un tiempo. sobre estas bases nos gustaría seguir construyendo nuestro compromiso:

ESPIRITUALIDAD Y COMPROMISO

Solo una espiritualidad comprometida –la propia expresión es en realidad una tautología– es espiritualidad. El compromiso, inseparable de la espiritualidad, constituye su test de veracidad. Porque es precisamente en la acción donde se verifica la verdad de lo comprendido. Por lo que, de manera realista, la espiritualidad nos confrontará con la vida cotidiana por medio de cuestionamientos: en lo concreto, ¿a qué me siento movido?, ¿qué quiere vivir a través de mí?, ¿cómo se concreta?, ¿con quiénes?, ¿con qué prioridades?, ¿con qué medios?… Y todo ello, no desde un imperativo moral, sino desde la comprensión que es amor: consciencia de unidad y certeza de no-separación.

Por eso, junto con aquellas cuestiones, la espiritualidad plantea otra pregunta decisiva: ¿de dónde nace el compromiso? Porque puede surgir de lugares bien diferentes, que condicionarán tanto la forma de vivirlo como los resultados.

Tuve que aprender por propia experiencia que incluso el compromiso más noblemente intencionado puede nacer de lugares no siempre adecuados: necesidad de reconocimiento y de aprobación, compensación de culpas inconscientes, moralismo voluntarista, baja tolerancia a la frustración que impide aceptar la realidad tal cual es…

Entrelazados con ellas, me parece descubrir otros dos factores que suelen contaminar la limpieza del compromiso, particularmente en Occidente y en el ámbito religioso, incluso en personas “entregadas”, que actúan con la más noble intención y la mejor voluntad. Me refiero a la idea del mesianismo judeocristiano y a la culpa católica. Ambos elementos han formado parte del imaginario colectivo durante siglos y, a pesar del proceso de secularización y del creciente laicismo, siguen vigentes –aun de manera inconsciente– y condicionan actitudes y comportamientos.

El “mesianismo” induce a la exigencia de tener que “salvar” el mundo. La culpa, que no permite estar bien mientras otros estén mal, exige un compromiso que “repare” esa situación. No es difícil advertir la facilidad con que el ego puede apropiarse de esa doble idea para fortalecer su “identidad”: un ego salvador y reparador se siente muy consistente.

Se comprende que el ego, con frecuencia, se apropie del compromiso y lo contamine. Y que, en consecuencia –y tal vez como el signo más evidente de la apropiación–, se pueda dar un sentimiento de “superioridad moral” –no se olvide que el ego vive también de la comparación–, desde el que se juzga y descalifica a quienes son considerados como “no comprometidos”.

Es indudable que, junto a esas motivaciones, pueden darse otras más “limpias”, como las creencias que insisten en la fraternidad o la fe en un Dios padre de todos. Ambas han sido fuente de compromiso compasivo y solidario, vivido con limpieza y entrega.

Pero, más allá de las creencias, en la espiritualidad no-dual el compromiso nace de la comprensión de lo que somos: siendo diferentes, compartimos la misma identidad; por lo que, cuando sé mirar en profundidad, veo que todo otro es no-otro de mí.

Desde esa misma comprensión se advierte que el compromiso genuino se caracteriza por dos rasgos básicos: la entrega y la desapropiación. Se ancla en la certeza vivencial de que los otros son yo y desde ahí se entrega, en una actitud de docilidad a lo que hay que vivir en cada momento.

Mariá Corbí lo ha expresado con acierto: “La no-dualidad arrastra inevitablemente al interés y servicio a toda criatura; lleva a interesarse por la marcha de la sociedad, de la cultura, del medio y de todo ser viviente y no viviente. La no-dualidad es unidad y la unidad es amor. El verdadero amor no es el sentimiento romántico, ni tiene ninguna conexión con la necesidad. El amor verdadero solo florece en la más completa gratuidad. Quien comprende su verdadera realidad entenderá y sentirá que la realidad del mundo de sus interpretaciones, de sus modelaciones no es otra que la realidad de «eso absoluto». Vivirá en profundidad que el mundo de nuestra dimensión relativa y el de nuestra dimensión absoluta no es una realidad con dos pisos, sino una única realidad que nuestra condición de vivientes necesitados que hablan precisa difractar para poder sobrevivir y cambiar cuando sea necesario o conveniente”[1].

Decía que el compromiso nace de la comprensión. De hecho, la comprensión es la fuente más honda de la fraternidad. ¿Cómo no sentir como hermanos y hermanas a aquellos con quienes compartimos el mismo centro, es decir, la misma identidad? ¿Cómo no vivir la fraternidad cuando hemos comprendido que somos uno?

Read More
image-title

Cinco años no son nada. Y a veces queremos pedir resultados como si fuéramos expertos. Como si ya tuviéramos la experiencia y la sabiduría necesarias.
Hace cinco años… sólo. En aquel momento venía cargado del impulso necesario como para convocar a tanta gente diversa. Fue la época de mayor creatividad, energía e intuiciones de toda mi vida. Y a la vez tenía una certeza profunda de que aquello no era mío, de que tenía que ponerlo en manos de la Vida y de que la respuesta de los que me acompañaban aquella tarde, iba a ser determinante para seguir adelante o no.
Algunos vieron aquello como un sueño loco. Otros se alejaron pronto porque no acabaron de entenderlo.
Otros continuamos. Cinco años. Y sigo sintiendo, emocionado y con la misma nitidez aquellas intuiciones que brotan de ese lugar sin nombre.
A pesar de la claridad, seguimos aprendiendo, la mayoría de las veces a trancas y barrancas.
A veces es tan fuerte lo que emerge que siento que no sé cómo poder transmitirlo mejor. Que Berakah es Fuente. Que para encontrarte con el otro y la otra distintos, primero tienes que encontrarte contigo mismo y que eso es nuestra esencia más genuina: el ser comunidad en búsqueda de sí misma, en estos tiempos en los que el institucionalismo parece trasnochado y asfixiante.
Es cómodo sentirse útil, hacerse disponible. Ha sido fácil todo lo relacionado con ello. Tremendamente fácil. Resulta más complejo hacer entender que no hay utilidad válida sin la proximidad más próxima que es la propia. Y que para eso también estamos. Que Berakah antes de ser palabra fue silencio, antes de ser justicia fue escucha.
BERAKAH. Decir bien del otro, de la otra, de lo otro y del OTRO. Acoger al que viene y lo que viene, sabiendo que hay un mensaje oculto en eso que llega. Y que la bendición se revierte. BARAKA, el don divino, la fecundidad divina.
Y esa fecundidad no se manifiesta a raudales en lo que haga, sino en el simple hecho de ser.
Aun muchos no lo entienden. Pero se nos regala el don maravilloso de haber tenido la intuición de que la acción y el compromiso sólo pueden nacer de esa fuente, de la Berakah. Y que hacer juntos pasa por Ser juntos, sentarnos juntos, silenciarnos juntos, escucharnos a corazón abierto, desde esa escucha atenta y compasiva más allá de nuestros egos.
El último regalo que se nos dio en este periodo corto de cinco años fue el poder darle forma comunitaria a estas intuiciones.
A pesar de nuestro breve recorrido, cinco años dan para mucho. Cinco años de rostros, de historias, de gozos y sueños de ropa camilla, de silencios compartidos y serenos, de cantos, de arte, y de mucha, mucha reunión.
Entendemos que incluso lo que no entendimos forma parte de esa gran Berakah que se nos regala. Y que los que se fueron sin entender también han sido bendición.
Que las casas se han agrandado, que el círculo silencioso cada vez se agranda más, pero que, sobre todo, se agranda el corazón cuando somos capaces de incluir lo que antes nos ha parecido extraño, al que antes nos ha parecido extranjero. Porque el extrañamiento es el primer paso para la aproximación.
Cinco años lo son todo, cuando hemos sido capaces de entender que cada cosa, que cada persona que ha pasado, forman parte del bello paisaje que se nos va desvelando. Cinco años lo son todo cuando hemos sido capaces de darnos cuenta de que todo suma, y de que lo que ha sido es lo que ha tenido que ser. Incluso lo que nos causó dolor. Cinco años lo son todo cuando acertamos a comprender que no nos falta nada. Que la intuición primera se manifiesta ya en lo que se está dando y que vendrán otras casas, otra gente, otros modos, otras burocracias, pero que el don ya está dado.
Cinco años lo son todo cuando hemos sido capaces de entender que la Berakah se manifiesta en cada paso del camino, y en cada sentada silenciosa. Que cada paso es lugar, hogar, espacio acogedor, manifestación del Ser que nos sobrepasa pero que a la vez nos abunda.
Feliz cinco años.
Feliz cumpleaños.
Mucha Berakah

Juanma

Read More