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Cinco años no son nada. Y a veces queremos pedir resultados como si fuéramos expertos. Como si ya tuviéramos la experiencia y la sabiduría necesarias.
Hace cinco años… sólo. En aquel momento venía cargado del impulso necesario como para convocar a tanta gente diversa. Fue la época de mayor creatividad, energía e intuiciones de toda mi vida. Y a la vez tenía una certeza profunda de que aquello no era mío, de que tenía que ponerlo en manos de la Vida y de que la respuesta de los que me acompañaban aquella tarde, iba a ser determinante para seguir adelante o no.
Algunos vieron aquello como un sueño loco. Otros se alejaron pronto porque no acabaron de entenderlo.
Otros continuamos. Cinco años. Y sigo sintiendo, emocionado y con la misma nitidez aquellas intuiciones que brotan de ese lugar sin nombre.
A pesar de la claridad, seguimos aprendiendo, la mayoría de las veces a trancas y barrancas.
A veces es tan fuerte lo que emerge que siento que no sé cómo poder transmitirlo mejor. Que Berakah es Fuente. Que para encontrarte con el otro y la otra distintos, primero tienes que encontrarte contigo mismo y que eso es nuestra esencia más genuina: el ser comunidad en búsqueda de sí misma, en estos tiempos en los que el institucionalismo parece trasnochado y asfixiante.
Es cómodo sentirse útil, hacerse disponible. Ha sido fácil todo lo relacionado con ello. Tremendamente fácil. Resulta más complejo hacer entender que no hay utilidad válida sin la proximidad más próxima que es la propia. Y que para eso también estamos. Que Berakah antes de ser palabra fue silencio, antes de ser justicia fue escucha.
BERAKAH. Decir bien del otro, de la otra, de lo otro y del OTRO. Acoger al que viene y lo que viene, sabiendo que hay un mensaje oculto en eso que llega. Y que la bendición se revierte. BARAKA, el don divino, la fecundidad divina.
Y esa fecundidad no se manifiesta a raudales en lo que haga, sino en el simple hecho de ser.
Aun muchos no lo entienden. Pero se nos regala el don maravilloso de haber tenido la intuición de que la acción y el compromiso sólo pueden nacer de esa fuente, de la Berakah. Y que hacer juntos pasa por Ser juntos, sentarnos juntos, silenciarnos juntos, escucharnos a corazón abierto, desde esa escucha atenta y compasiva más allá de nuestros egos.
El último regalo que se nos dio en este periodo corto de cinco años fue el poder darle forma comunitaria a estas intuiciones.
A pesar de nuestro breve recorrido, cinco años dan para mucho. Cinco años de rostros, de historias, de gozos y sueños de ropa camilla, de silencios compartidos y serenos, de cantos, de arte, y de mucha, mucha reunión.
Entendemos que incluso lo que no entendimos forma parte de esa gran Berakah que se nos regala. Y que los que se fueron sin entender también han sido bendición.
Que las casas se han agrandado, que el círculo silencioso cada vez se agranda más, pero que, sobre todo, se agranda el corazón cuando somos capaces de incluir lo que antes nos ha parecido extraño, al que antes nos ha parecido extranjero. Porque el extrañamiento es el primer paso para la aproximación.
Cinco años lo son todo, cuando hemos sido capaces de entender que cada cosa, que cada persona que ha pasado, forman parte del bello paisaje que se nos va desvelando. Cinco años lo son todo cuando hemos sido capaces de darnos cuenta de que todo suma, y de que lo que ha sido es lo que ha tenido que ser. Incluso lo que nos causó dolor. Cinco años lo son todo cuando acertamos a comprender que no nos falta nada. Que la intuición primera se manifiesta ya en lo que se está dando y que vendrán otras casas, otra gente, otros modos, otras burocracias, pero que el don ya está dado.
Cinco años lo son todo cuando hemos sido capaces de entender que la Berakah se manifiesta en cada paso del camino, y en cada sentada silenciosa. Que cada paso es lugar, hogar, espacio acogedor, manifestación del Ser que nos sobrepasa pero que a la vez nos abunda.
Feliz cinco años.
Feliz cumpleaños.
Mucha Berakah

Juanma

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La vida se resuelve en cada momento, instante tras instante.
Podría ser el eco que resuena en nosotros y nosotras después de este día compartido en el silencio interior y en el recogimiento del bello convento franciscano de Loreto.
Un silencio en el que nos encontramos, para dejar de ser tú y yo y sentirnos nosotros. Porque en E. Berakah creemos en el Inter-Ser. Y decimos creemos no por una convicción doctrinal ni mental, sino porque así nos experimentamos cada vez que nos paramos y tomamos consciencia de ello. Y cada vez que eso ocurre, nos damos cuenta que es el mejor camino para captar lo Real, lo verdadero, lo bello. Eso que no tiene palabras para definirlo porque es inefable. «Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.» Nos dirá S. Juan de la Cruz. Y cada vez tenemos más certeza de que esa es la esencia de Berakah, un misterio que se nos revela paso a paso.
Descubrimos en este camino, tanto en estos momentos como en los hogares con nuestros chicos acogidos, que lo profundo compartido, esa Unidad que es nuestra esencia es lo realmente auténtico, pero a la vez, que esa verdad profunda, se manifiesta en nuestra diversidad. Incluso en aquello que más nos cuesta admitir del otro o de la otra.
Eso es Berakah, bendecir al que viene, bendecir lo que viene. Y dejarnos bendecir por ello. Lo entendamos mejor o peor. Porque en lo que nos llega, se manifiesta la única corriente de la Vida.
El ser capaces de vivir fraternalmente con personas tan diversas que casi no conoces, es el gran don de Berakah. Las oportunidades constantes que se nos dan para experimentar eso, son los regalos continuos que nos ofrecemos.
El lema para este día fue «En torno a la Fuente». Fuente, Centro, Ser, Dios… como cada uno/a quiera llamarlo. Un Centro que nos aglutina pero no como algo externo que tengamos que venerar, sino como nuestra esencia más vital.

Gracias a todos y a todas los que han hecho posible esta oportunidad de seguir profundizando en nuestras raíces.

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