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En estos momentos de introspección comunitaria brota este sentir:
¿Qué estamos llamadxs a ser?
Una comunidad contemplativa en medio del mundo, interreligiosa, transreligiosa. Sin miedo a la luz que se manifiesta en el mundo, por tanto, sin tener que huir de él. Pero a la vez decidida y vocacionalmente buscando esa luz más allá de toda confusión y oscuridad. Sabiendo que la búsqueda de esa luz irremediablemente nos llevará a no saltarnos ninguna de las etapas. Una comunidad que se siente llamada a transitar todas las capas de lo humano, con espacios para cuidar esas dimensiones, para atenderlas.
Una comunidad de ciudad para indagar en el silencio que puede producirse en medio del ruido. Buscando ese silencio en el barullo de la gran urbe. Una comunidad que sea referente para nuevos modos de vivir.
Una comunidad que sea acogida para el caminante cansado/a, aturdido/a, perdido/a.
Una comunidad de comunidades con distintas pertenencias, a la que puedan adherirse personas de distintos credos, personas religiosas consagradas que pidan vivir la experiencia, personas laicas, personas exiliadas de sus tradiciones o que nunca se sintió vinculada a ninguna, pero con una firme convicción de aquello que es central en nosotrxs, el Ser, la Fuente, la luz que ilumina todo lo demás.
Una comunidad con un firme respeto, veneración e incluso adoración por la tierra que nos nutre y nos sustenta. Con unos principios de sostenibilidad claros, y que, aunque tenga su base de acción principal en la ciudad, pueda oxigenarse en el campo, montaña, playa en espacios también comunitarios en esos lugares.
Una comunidad de gente libre cuya única norma sea el respeto a los procesos individuales y grupales (comunitarios). Una comunidad de miembros donde lo comunitario, no pise lo personal en cuanto a ritmos, espacios y tiempos, etc.
Una comunidad que conviva en una casa a propósito para ello. Una casa abierta a vivir esta experiencia. Con distintos niveles de pertenencia. Las personas que vivan en ella, las que no vivan pero la sientan como suya, las que quieran vivir una experiencia temporal de sanación o cuidados.
Una comunidad de personas diversas en peculiaridades, culturales, religiosas, de identidad sexual, de procedencia, con una base: la creencia en el Fondo común al que se accede desde el silencio, la escucha compasiva, el compartir, el respeto a las otras peculiaridades, el respeto a la dignidad inalienable de cualquier ser humano, el respeto de los derechos humanos.
Una comunidad con espacios y tiempos comunes y con espacios y tiempos personales.
Una comunidad en la que cada uno de sus miembros sienta el doble compromiso: con uno/a mismo/a, de hacer ese camino de consciencia hacia el Ser que Somos, sin eludir lo emocional, las heridas, las sombras. Y a la vez, un compromiso hacia fuera de ser referente de un mundo más justo, solidario, fraterno, desarrollando estrategias para ello. Por tanto, una comunidad “política” en su sentido más genuino. Entendiendo la política como subordinada al bien común, inspirada en la ética y no cualquier ética, sino una ética basada en la espiritualidad.
Una comunidad cautivada por la belleza, la estética, y, por tanto, que cree espacios donde esta emerja a través del arte y de la intercultura.
Una comunidad cuyo marco para poner en práctica todo esto sea la vivencia de la Baraka-Berakah: la bendición de todo lo que viene, de todo aquel o aquella que vienen. Con la hospitalidad como valor principal, entendiendo que en aquel/aquella que llega también se nos da la Baraka.

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Amigos y amigas. Este martes, 12 de mayo, abriremos de nuevo el espacio físico de la calle Cervantes n.7 para nuestra meditación de las 20´00h. El espacio es suficientemente amplio como para mantener la distancia de seguridad. El aforo, mientras que estamos en esta fase de desescalada, será de 10 personas. Haremos también conexión virtual por zoom para las personas que aun no deseen venir. El espacio de los miércoles por la mañana, continuará cerrado hasta nuevo aviso.

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