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Una vez más nos hemos puesto en camino. Jun@s con la única consigna de estar presentes, de estar atent@s al que camina a mi lado. El silencio nos acompaña el primer trayecto, para sentir nuestros pasos, para saber que estos besan la tierra tan herida. Una naturaleza desbordante que nos acoge amablemente.
Es emocionante para l@s que estamos de este lado de vallas, estrechos y desiertos, sabernos caminando con vosotr@s por bosque más amables. Es emocionante, en medio del camino, escuchar vuestras historias de rutas más severas, de bosques de peligros y redadas. Es emocionante, porque a pesar de estar a este lado, nos reconocemos en nuestras propios peregrinajes y en los saltos de nuestras propias fronteras.
Camino con consciencia. La consciencia de estar viv@s. La consciencia de una naturaleza madre que nos perdona el daño que le infringimos. Consciencia de la Vida, del Ser que nos envuelve, nos sobrepasa, nos sobrecoge. Consciencia de vuestros otros caminos y de aquell@s que ahora mismo andan errantes por desiertos o navegan en pateras de ignominia y miedo.
Nos perdemos, nos encontramos.
Nos sentamos a la sombra de los árboles para seguir contando historias.
Cantamos, nos reímos. Nos encontramos en este terreno común de la Berakah, oasis que nos alienta a seguir caminando.
(4º camino con Consciencia, del 26 de octubre de 2019. Ruta del nacimiento de Huéznar.)

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Espacios Berakah: Valoración de la jornada de cuidados del 5 de octubre 2019, por Isabel Aler

Hay regalos que no se compran, ni se venden, ni se programan, sencillamente se dan. Y si es así es porque confluyen las ganas de dar y de recibir con proporcional reciprocidad, que es la semilla de los cuidados que sanan, porque te ayudan a recuperar la alegría de vivir mediante las ganas de compartir.
¡Claro que hubo y se notaba preparación de la jornada por parte de quienes la organizasteis! Una idea que lograsteis materializar dando lo mejor de vosotros mismos a través del yoga, la biodanza y el mindfulness. De las tres actividades yo tenía experiencia previa, lo que quizás me ayudó a percibir con nitidez las cualidades de presencia, inocencia y destreza con que esos tres recursos sanadores fueron dirigidos por Montse, Lola y Juanma. Así lo recibí.
Sin embargo, no había practicado antes esas tres “artesanías” enlazadas de tal forma en la misma jornada que los efectos sanadores de cada una se potenciaran entre sí. El anhelo que sentimos de vivir con integridad la continuidad de nuestro ser corporal-emocional-mental-espiritual, allí, ese día y en ese lugar, fue inteligentemente acariciado, puntualmente despertado. Así lo sentí.
Viví una especial belleza reparadora al practicar esos cuidados en una iglesia católica, un espacio físico y “religioso” que padecí hasta la adolescencia a causa del desprecio y rigidez patriarcal hacia nuestra naturaleza corporal y emocional. Al habitar ese espacio concreto, en silencio y palabra, en quietud y movimiento, cuerpo emocional y mente espiritual se “religaron” “aquí y ahora”. Así lo gocé.
Fue un compartir intergeneracional que dio visibilidad a nuestra naturaleza humana cíclica y vulnerable, común a lo largo de la edad adulta. Fue un darse y encontrase en la gratuidad de la vida cuando se comparte sin ponerle precio, sin tarifarla. Corresponder de forma anónima y voluntaria con alguna aportación económica para la organización, reaviva el sentido coherente, respetuoso y benefactor de la experiencia: la cuida.
Los cuidados de Berakah en evocar y crear puentes allí donde otros imponen fronteras, fue un objetivo que constaté durante esa jornada en que pudimos atender nuestras necesidades humanas maltratadas y emigradas, anhelantes de autocuidados y cuidados mutuos. Ayuda a tomar conciencia de nuestra condición humana como emigrantes, salvadas las distancias.
Gracias por esa sabrosa tarta de ingredientes tan ricos: la exquisita delicadeza de Montse, la inteligente vivacidad de Lola, la desnuda autenticidad de Juanma, que al aunarse ayudaron a la apertura de corazón de todas las personas que allí estuvimos como agradecidas receptoras y necesarios espejos.
P.D. Las jornadas de camino en la naturaleza, salir de la ciudad y compartir espacios donde la tierra, el mar y el cielo, los árboles y el viento, nos dan suelo y techo, nos hacen más universales, son un manjar para la convivencia. Las necesitamos más a menudo.

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