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Este fin de semana hemos disfrutado en nuestra sede, la Jaima, del encuentro con la Asociación Elín (aprovechando que tenían su asamblea aquí en Sevilla) que desde siempre ha supuesto para nosotras una de nuestras principales fuentes de inspiración.
En un encuentro sin precedentes en número de personas, hemos tenido el orgullo de acoger en nuestra casa a todos sus miembros y a muchos de los chicos y chicas que pasaron por Ceuta y que ahora residen en Sevilla (algunos de ellos en nuestros hogares de acogida).
Una bonita oportunidad para volver a nuestras raíces, para seguir bebiendo de ese oasis que es Elín para tantos y tantas. Un precioso encuentro para reforzar lazos, y sobre todo para seguir escuchando testimonios de personas que sienten a ambas iniciativas como sus familias, sus espacios de sanación. Espacios en donde «me quitaron todos lo miedos» o «me dan la libertad para decidir sobre mi vida» (testimonios de algunos de los asistentes).
Juegos, miradas, palabras, risas, encuentro con gente que hacía mucho que no pasaba por aquí, familia, acogida… y mucha Berakah.
Gracias a todos y a todas. Especialmente a Elín por aceptar nuestra invitación. Nuestros espacios se ensanchan y, sobre todo, nuestros corazones se hacen más grandes.

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La vida se resuelve en cada momento, instante tras instante.
Podría ser el eco que resuena en nosotros y nosotras después de este día compartido en el silencio interior y en el recogimiento del bello convento franciscano de Loreto.
Un silencio en el que nos encontramos, para dejar de ser tú y yo y sentirnos nosotros. Porque en E. Berakah creemos en el Inter-Ser. Y decimos creemos no por una convicción doctrinal ni mental, sino porque así nos experimentamos cada vez que nos paramos y tomamos consciencia de ello. Y cada vez que eso ocurre, nos damos cuenta que es el mejor camino para captar lo Real, lo verdadero, lo bello. Eso que no tiene palabras para definirlo porque es inefable. «Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.» Nos dirá S. Juan de la Cruz. Y cada vez tenemos más certeza de que esa es la esencia de Berakah, un misterio que se nos revela paso a paso.
Descubrimos en este camino, tanto en estos momentos como en los hogares con nuestros chicos acogidos, que lo profundo compartido, esa Unidad que es nuestra esencia es lo realmente auténtico, pero a la vez, que esa verdad profunda, se manifiesta en nuestra diversidad. Incluso en aquello que más nos cuesta admitir del otro o de la otra.
Eso es Berakah, bendecir al que viene, bendecir lo que viene. Y dejarnos bendecir por ello. Lo entendamos mejor o peor. Porque en lo que nos llega, se manifiesta la única corriente de la Vida.
El ser capaces de vivir fraternalmente con personas tan diversas que casi no conoces, es el gran don de Berakah. Las oportunidades constantes que se nos dan para experimentar eso, son los regalos continuos que nos ofrecemos.
El lema para este día fue «En torno a la Fuente». Fuente, Centro, Ser, Dios… como cada uno/a quiera llamarlo. Un Centro que nos aglutina pero no como algo externo que tengamos que venerar, sino como nuestra esencia más vital.

Gracias a todos y a todas los que han hecho posible esta oportunidad de seguir profundizando en nuestras raíces.

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En el proyecto de E. Berakah se recoge una de las que fueron de sus intuiciones primeras y fundamentales: el cuidado de todas las personas que formábamos parte de esto, acogidos y anfitriones, desde todas sus dimensiones. Uno de los pilares básicos de E. Berakah es la dimensión espiritual. Ya sabéis que tenemos momentos y espacios concretos para ello. Al margen de esos espacios, la propuesta estaba en que en cada hogar hubiera también espacios para cultivar esa dimensión.
Este curso, tenemos la suerte de haber podido habilitar una sala en nuestro hogar Jana, la sala Jerusalén. Es un espacio sencillo para que los chicos oren según sus propias creencias, pero sobre todo, es el corazón de la casa porque cualquiera que acuda a ella, puede entrar en esta sala y sentir la vibración de la misma, de las personas que vivan en ella, del proyecto, de la Vida. Es una sala de silencio, para respirar, para serenarse, para tomar contacto con lo más genuino de nosotras.
Desde hace unos meses, una voluntaria y experta en meditación zen, nuestra amiga Marité, propicia un momento de sentada meditativa los martes por la tarde. Es un espacio abierto, para cualquier persona de los que sustentamos este proyecto y para cualquier persona que esté por el área de Dos Hermanas y quiera participar. Sólo hay que llegar a la casa, llamar y preguntar por ella. Los chicos estarán encantados de recibiros y Marité, mucho más.

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Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, ansiando la liberación de la esclavitud, se encontró de lleno con la realidad del desierto. Descubrió que para llegar a la tierra prometida, no bastaba con el impulso de la salida, sino que era necesario transitar una realidad dura y dolorosa que iba a servirles para purificarse interiormente y, sobre todo, para encontrarse con lo más sagrado de ellos mismos (Con Dios, en términos teístas). Tuvieron que cruzar el Mar rojo de la desconfianza y el miedo, beber las aguas amargas (Mara) de la desolación y la incompresión y, en definitiva, transitar un desierto de falta de respuestas, de pérdida del rumbo, y de noches oscuras.
Todo un símil del recorrido espiritual que se expresa de manera evidente en las rutas migratorias que tienen que recorrer nuestros hermanos y hermanas que salen de sus países buscando ese mismo horizonte.
El recorrido (el espiritual y el físico) a pesar de su dureza, tiene algunos momentos de calidad y de calidez que permiten continuar el viaje (si no, sería imposible continuar). Pequeños oasis que anuncian que aquello que se sueña y hacia lo que uno se encamina no es un espejismo, sino el motor de la búsqueda. Uno de esos oasis es Elín, con «12 manantiales y 70 palmeras». Un lugar para descansar, para sanar las heridas del camino, para retomar fuerzas. Para encontrarse con el hermano y la hermana de ruta, para descubrir que uno no va solo. (Fuente: Éxodo 15, 22-27)
Este es el nombre de la asociación que desde hace 20 años acoge, abraza y cuida a las personas migrantes que cruzan la frontera de Marruecos con el estado español en la ciudad de Ceuta. Unas mujeres confiadas en que esa fuente podía emerger en el momento en que ellas escarbaran un poco, hicieron del pequeño espacio que le prestaron, un lugar de encuentro más allá de las fronteras que ponían aquellos empeñados en separar, en poner vallas y espinos al campo.
Desde hace todos esos años, muchos hombres y mujeres venidos «de la gran tribulación» de los desiertos, las alambradas, las violaciones de su dignidad y de sus cuerpos, han pasado por ese lugar de sanación, de descanso, de sororidad entrañable. Y eso ha marcado sus vidas para siempre. Nos la marcó también a muchos que veníamos de otros desiertos, no físicos pero sí interiores. Otras rutas que emprendíamos desde esos refugios construidos por los poderes establecidos que nos dividían el mundo entre buenos y malos, entre negros y blancos, entre cristianos y musulmanes, entre lo nuestro y lo suyo.
Elín ha sido una de las fuentes de inspiración de Espacios Berakah. No la única, pero sí una de las más importantes. Es por eso que de vez en cuando tenemos que acercarnos a ese manantial para no olvidar el sentido, para recordar la raíz y uno de los pilares sobre los que nos fundamentamos.
Este fin de semana ha sido una de esas veces. El motivo: la celebración de los 50 años de compromiso por los más desfavorecidos de una de las iniciadoras de ese bonito proyecto.
Gracias Paula!

Imagen tomada por Pilu Alba Díaz

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